Etiquetas

Contacta:

Para contactar con nosotros, correcciones, aportes y demás, envianos un e-mail.
domingo, 18 de julio de 2010

El mundial y la distracción de las masas.

Deportivamente hablando, no era de extrañar. La selección española ha ganado el mundial de Sudáfrica con un espectacular juego. Ninguna otra selección ha podido hacerle frente, pese al patinazo inicial de su debut ante Suiza.

Tras la victoria, millones de personas se echaron a las calles para festejar el título. De norte a sur, de este a oeste, quedó latente que la victoria de la selección produjo la satisfacción de las masas.

Pero, dentro de esta rebosante alegría, cabe analizar algunos aspectos que han marcado el mundial de Sudáfrica en el marco del Estado Español. No entraremos en el eterno debate sobre republicanismo sí o republicanismo no, sobre nacionalismo si o nacionalismo no, pues eso son opiniones interiores de cada individuo y no podemos condicionar el sentimiento de cada persona, pero, como es lógico, tampoco olvidamos la historia.

Para el desarrollo del artículo, nos vemos obligados a diversificar el contenido en varios puntos.

Aceptación de la bandera roja y gualda, heredera del franquismo.
En los últimos años, se ha venido preparando un caldo de cultivo que cuajo durante la anterior Eurocopa, también ganada por la selección española. Buscar la legitimación de la actual bandera heredada de la dictadura.

Durante este mundial, se ha vivido el punto álgido. Numerosas banderas post-franquistas decoraban los balcones de cada rincón del Estado. La regalaban con los periódicos, las vendían en puestos ambulantes, las sorteaban en grandes superficies… todo era poco para conseguir que cada familia contase con su bandera.

Para la mayoría de la población, dicha bandera se puede considerar asentada, pero nos vemos en la obligación de realizar un ejercicio de memoria histórica para recordar que simboliza la misma.

El 14 de Abril de 1931, fue proclamada la II república española, primer gobierno considerado democrático ya que respondía a la necesidad del pueblo. Como tal, su bandera, formada por 3 franjas de igual tamaño (Una roja, una gualda y otra morada) se debió a intereses netamente populares, es decir, fue elegida por el mismo pueblo que votó la república.

Tras la guerra Civil, el dictador Francisco Franco, designo, junto con su equipo de gobierno, la bandera roja y gualda junto con el Águila de San Juan como el principal símbolo del régimen franquista, que dejó a sus espaldas miles de muertes.

Cuando Franco estaba agonizando, designó a dedo a su sucesor, el actual Rey Juan Carlos. Y se fijó durante la supuesta transición la bandera roja y gualda como oficial, junto a un escudo monárquico que dejaba claro el sistema heredado del franquismo.

El pueblo no votó al Rey, como no votó dicha bandera. Por el contrario, si había votado la república y su bandera. Este es el principal argumento que empleamos para plantearnos la pregunta siguiente: ¿Existió realmente transición en España?

Analizando el paso de los años, nos damos cuenta que más del 50% de los políticos y concejales de nuestros días son hijos directos de altos cargos del franquismo. Sin ir más lejos, el alcalde de Torremolinos, Pedro Fernández Montes, fue delegado del movimiento en Torremolinos durante la dictadura.

Observamos que la plana mayor del ejército también proviene de familias históricamente franquistas. Y son incalculables los neonazis que se visten de militar o policía durante el día y agreden a inmigrantes o militantes de izquierda durante la noche.

De esta forma, afirmamos rotundamente que la transición fue un mero maquillaje para perpetuar lo que decidió Francisco Franco.

Durante este mundial de fútbol, se ha perpetuado el legado del dictador. Se ha legitimizado en las masas la bandera heredera del franquismo, pese a que gran parte de la población se sigue considerando republicana.

Recortes sociales camuflados con la programación futbolera.
Aunque parezca mentira, mientras contemplábamos en nuestras pantallas los éxitos que “la roja” iba consiguiendo, mientras observábamos que todo el Estado se echaba a las calles animando a la selección, el presidente del gobierno, Zapatero, abocaba con sus palabras a la clase trabajadora hacia un futuro incierto.

Una serie de medidas fueron aprobadas, en teoría, para paliar la crisis. Pero que no son otra cosa que producir una involución en la conquista de derechos sociales que con tanta sangre y sudor nuestros antepasados conquistaron.

Favorecer a las grandes empresas facilitándoles los despidos, aumento del IVA, recortes salariales y un continuo de despropósitos que finalizarán con el más que probable aumento de la edad de jubilación a los 70 años.

Mientras todo esto salpicaba desde las altas esferas capitalistas dominadas por el PP-SOE, el pueblo recibía la noticia de cómo Sara Carbonero distraía a Iker Casillas y de cómo Manolo el del Bombo enfermaba temiendo así todo un Estado que tal valeroso “hooligan” (notese la ironía) dejase de animar a nuestra selección. Pero lo que realmente entre tal amalgama de noticias conmocionó a todo un pueblo fue, sin duda, el prestigioso pulpo “Paul”, el cual con sus aciertos en los resultados del mundial ha forjado una leyenda, hasta el punto de elevarlo a la categoría de héroe nacional (Servidor, personalmente prefiere degustar una buena ración de pulpo a la gallega antes que un pulpo dirija su vida como ha dirigido la vida de millones de personas).

Consolidación del concepto “Estado-Nación”.
“La selección nacional”, “la de todos”, y un sinfín de epítetos para legitimizar a España como una nación.

La normalización del concepto Estado-Nación ha sido una de las principales bazas de los medios de comunicación y han buscado bajo cualquier concepto arraigarlo.

Se ha perdido por completo las definiciones de Estado y de Nación para reinventarlas para la ocasión. La selección es nacional, por tanto España es una nación y punto.

Aumento de agresiones fascistas.
No se puede dejar a un lado el aumento de agresiones fascistas que se han visto durante estos días.

En Pamplona hemos visto como funcionarios de las fuerzas de seguridad del estado portaban tatuajes con águilas bicéfalas y armas de fuego con las que amedrentaban a los jóvenes abertzales que protestaban por la aparición de estos con simbología fascista.

En Barcelona fueron detenidos numerosos ultras por protagonizar incidentes, al igual que en Madrid.

En Zamora, un inmigrante fue atacado por un neonazi dueño de un bar cuando iba cantando “Yo soy español” mientras le recriminaba que “¿Cómo iba a ser el español?”.

Son solo algunos casos, los cuales no se han mostrado en los mass-media como no podría ser de otra forma. Sin embargo si hemos observado titulares como “Un apuñalado en Bilbao por portar una camiseta de la selección”. ¿Preservando la “unidad nacional” los medios de comunicación quizás?

Conclusiones.
Los jugadores que dieron el triunfo a la selección, han cumplido su sueño (y el de todo niño y no tan niño al que le apasiona el fútbol), ganar el campeonato del mundo. Todo un Estado ha salido a la calle inmersos en la misma alegría, como si de eso comiésemos mañana.

Y utilizando la histeria colectiva, los gobernantes han ajustado las tuercas un poco más y han aprovechado todo para perpetuar el oscuro pasado de nuestra historia.

Torremolinos Antifascista